La autenticidad de los documentos electrónicos


Sostengo que la autenticidad de los documentos electrónicos se gestiona con dos tecnologías: la firma electrónica (digital signature) y el cartulario digital (digital chartulary).

Sobre la primera hay mucho escrito.

La segunda empieza a recogerse en artículos especializados y algunas legislaciones, pero se ha aplicado históricamente en soluciones que han resuelto problemas de forma intuitiva. Por ejemplo, ¿como se ejercita el derecho de viaje que figura en un “billete de renfe larga distancia”? ¿por que no pueden viajar dos personas con sendas copias de billete?

Las funciones de atribuibilidad e integridad se resuelven con la firma electrónica.

Las de completitud, unicidad, obliterabilidad y endosabilidad requieren del mecanismo del órgano referencial en el que se localiza el documento sobre el que se anotan circunstancias cambiantes en forma de metadatos dinámicos. Se parece tanto al mecanismo del protocolo notarial o al del control registral, que lo he bautizado como “cartulario digital” por buscar un símil en un entorno desvinculado de la fe pública.

El “cartulario digital” se identifica con su sede electrónica (equivalente a la identificación del notario), su localizador o código seguro de verificación (equivalente al número de protocolo) sus metadatos estáticos y dinámicos (equivalentes a las anotaciones de los notarios en las matrices de los documentos, o a la llevanza del índice notarial).

Entre los metadatos, las referencias a otros documentos (o capas de información del mismo documento, añadidas posteriormente) ubicados en la misma u otra sede electrónica, que modifican los efectos legales del documento al que se asocian.

Desaparece el concepto de original en sentido estricto, aunque los efectos de contar con un original (o incluso la posibilidad de designar convencionalmente la función de original a un documento electrónico) se facilitan con el concepto de matriz asociada al cartulario.

No tenemos “original” pero tenemos sus funciones: completitud, unicidad, obliterabilidad y endosabilidad y legibilidad.

En el año 1999 inicié en FESTE un proyecto que se desarrolló años más tarde, ya sin mi participación, con la colaboración de Tecsidel, la Fundación FESTE, el despacho de abogados Roca i Junyent y el Banco de Sabadell, en el marco de un proyecto PISTA denominado FIRMA.

Se trataba de implementar un sistema de gestión de documentos cambiarios electrónicos (letras de cambio electrónicas, pagarés electrónicos y cheques electrónicos), algo que me venía obsesionando desde 1991, época en la que participé en Banesto en algunos proyectos innovadores de medios de pago. El proyecto se quedó en “piloto” pero muchas de aquellas ideas sobreviven ahora con los conceptos de la “diplomática digital”.

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