Breve historia de Telépolis


Hace unos años celebramos en Book on Hand la designación de librería on-line seleccionada por parte de Telépolis.

Tras unos cuantos años, Telépolis desaparece y Eudald Domènech ha contado su pequeña e intensa historia en su blog:

10 años después de que EresMas, ahora Orange, adquiriese Telépolis, una de las primeras comunidades virtuales de Internet, han decidido cerrarla después de 15 años de servicio. Descanse en paz.

Amigos, esto no es un post, es la historia de Telépolis desde que la fundé hasta que EresMas nos compró. Un fragmento de las memorias que voy escribiendo entre viaje y viaje.

Nacer

Corría Noviembre de 1995 cuando mi salida de Servicom era inminente después de la operación acordeón que los Olcese y los Ballvé ingeniaron para echarme de mi propia empresa y me viera de patitas en la calle con lo puesto. Después de estar unas semanas absolutamente noqueado, regresé a la que todavía era mi agencia de publicidad (o lo que quedaba de ella) para reconvertirla en una de las primeras agencias interactivas del país. La primera cosa que hice fue cambiarle el nombre de IP Triptic por IP Multimedia. La segunda, lanzar una comunidad virtual a imagen y semejanza de las americanas AOL o About.com.

La realidad de aquel entonces es que no existía el capital riesgo como lo conocemos ahora y mucho menos los angel capital con lo que una empresa tenía que ser viable desde el primer día e IP Multimedia lo fue a base de desarrollar webs para terceros. Al no disponer de recursos para desarrollar lo que teníamos en mente no nos quedó más remedio que hacer webs y consultoría de día y desarrollar nuestro proyecto de noche y en fines de semana. El equipo de entonces provenía de la antigua IP Triptic; Alex Monés, Pili Masoliver y Pep Grau, todos de Vic, y de Puntocom, la empresa que unos meses atrás había montado Jordi Grau y algunos de los Sysops de Servicom; Robert Aldabó y Jorge Rodriguez principalmente, los cuales fueron despedidos cuando los socios financieros de Servicom se llevaron la compañía a Madrid. Telépolis por aquel entonces era más un muestrario de tecnologías que daba credibilidad a nuestros potenciales clientes que no un servicio realmente como tal. A pesar de ello en 1996 ganamos el entonces prestigioso premio Moëbius que nos dio mucho prestigio y alimentó un poco nuestro ego el cual no andaba muy ufano con las estrecheces de aquellos días. Piensa que estamos hablando de noviembre/diciembre de 1995, la web hacía apenas dos años que se había inventado tal como la conocemos hoy y nosotros éramos de los pocos del país en hacer cosas equiparables a las que se hacían en los Estados Unidos.

La verdad es que lo de haber sido tan “mediático” durante el periodo en Servicom me abrió muchas puertas; el Ayuntamiento de Barcelona, SONY, el Instutut Català de Tecnología, Barcelona Activa y muchos otros pero sobre todo Telefónica. Julio Linares, el actual CEO de la teleco que por aquel entonces había pasado de Telefónica I+D a la Dirección de Marketing de la multinacional española, no solo me atendía sino que me animaba a presentar propuestas. Con él hicimos dos grandes proyectos que nos ayudaron definitivamente a darle la vuelta a la tortilla; Infovia2 y la web corporativa de Telefónica. Esos dos proyectos me permitieron consolidar IP Multimedia. Esto empezada a tomar otro color.

Nos mudamos todos a la segunda planta de la calle Llacuna 161 en el centro comercial Les Glories de Barcelona, justo delante de Barcelona Activa y curiosamente dos plantas más abajo de donde ahora está InOutTV. Maria Dolors, mi mujer, se hizo cargo de la administración de la empresa y Jordi Grau actuaba de Director de Operaciones. Con él y el equipo empezamos a pergeñar la resurrección del servicio de comunidad virtual que los socios financieros truncaron en Servicom. Yo me inspiraba en “Net Gain”, el libro de John Hagel III el cual explicaba las bondades de esos servicios y su potencialidad. Otra estrategia que utilizamos fue introducir funcionalidades de nuestro site en las webs comerciales de nuestros clientes; buscador, chat, foros, etc, con lo que se fue generando suficiente código como para que la cosa tomase cuerpo. Al invento le llamamos Telépolis y vio la luz en enero de 1996. Siempre creí que era el mejor nombre posible para lo que pretendía ser la comunidad virtual de referencia de la Internet en España. Lanzamos ni más ni menos el precursor de lo que hoy son las redes sociales y llegamos a tener más de un millón de usuarios únicos en 2000 cuando nos fusionamos con eresMas, hoy Orange.

Crecer

Yo no tenía nada claro cómo conseguir audiencia e hice una prueba para mirar de captar usuarios vía publicidad. Publicamos un pié de página en el Ciberpais, lo más leído entre los internautas por aquel entonces. A la semana de su publicación hice cuentas y dividí el coste del anunció por el número de usuarios que habían llegado a Telépolis a través de la dirección cibernética, URL, publicada. El numero me puso los pelos como escarpias y nos dimos cuenta inmediatamente que vía publicidad tal vez podías crear una marca simpática pero en ningún modo conseguir masa crítica de usuarios. Teníamos que pensar en otra cosa.

Por aquel entonces la supremacía en buscadores era de Yahoo! Altavista aún daba guerra y Google ni siquiera existía. Lo más notable de aquella época era la guerra de los browsers liderada por Netscape con un 70% de cuota de mercado. Miscrosoft, con su Explorer, miraba de pillar rueda al rebufo de su novísimo Windows 95. Telépolis despertaba muchas simpatías dentro de la industria y los contactos generados durante mi etapa en Servicom, generalmente, se solidarizaban con mi causa. En Microsoft España tenía bastantes amigos y un día les propusimos que cambiarán el motor de búsqueda que tenían por defecto en el Explorer, creo que Yahoo!, por el de Telépolis ya que “contestaba” en español priorizando los resultados con webs españolas. El trato era simple, no había dinero en ningún sentido, cada uno hacia negocio en lo suyo. Teóricamente ese acuerdo tenía que durar solo seis meses mientras ellos ultimaban su MSN. Aún sin contrato, la cosa duró más de dos años y eso nos dio miles y miles de usuarios a coste cero. Cada vez que un usuario de Explorer le daba a la lupa para buscar algo, quien respondía era Telépolis y así nos descubrían. Al constatar la calidad de nuestros resultados pronto hicieron de la página de Telépolis su página por defecto. Microsoft por su lado gano para su browser puntos de cuota de mercado superiores a los que obtenía en el resto del mundo y todos contentos. El propio Bill Gates le llamaba a este tipo de acuerdos “coompetition”; colaboración entre competidores. Aquí también se hace bueno al popular aforismo de que “a quien buen árbol se arrima buena sombra le cobija”.

Uno de nuestros clientes más notorios era el Grupo Anaya, la editorial madrileña que contaba en aquellos momentos con veintisiete editoriales de toda índole en una decena de países. El Director de Técnico era Marcel Coderch y el Director General José Luís Tapia los cuales me encargaron un estudio de cómo debían evolucionar sus diferentes negocios ante la amenaza/oportunidad que representaba Internet. Que visión, recuerdo que eso ocurrió hace quince años! Armengol Torres me ayudaba en este tipo de trabajos y entre los dos nos entrevistamos con todos los directivos de todas las editoriales y les confeccionamos un documento que incluía un gran número de ideas prácticas para pasar a la acción de inmediato. Esto gusto tanto que nos hicieron una propuesta para tomar un 50% de IP Multimedia.

Como os podéis imaginar, tanto yo como todo mi entorno, entre la experiencia Servicom y la experiencia IP Tríptic, teníamos ganas de todo menos de volver a tener socios. Los contras estaban clarísimos pero también habían grandes pros como el hecho que me dejaban hacer algo de “cash-out”⁠1, suficiente para estabilizar las cuentas familiares definitivamente y “echar gasolina” en Telépolis para acelerar su desarrollo. La solución me la dio Daniel Quer, Director General del Parc Tecnològic del Vallès con el cual hice buenas migas durante el periodo en el que el centro alojaba la sede de Servicom. Daniel, en respuesta a mi disyuntiva me espetó -Eudald, tú lo que necesitas es un Consejo de Administración con “canas-. Así fue como me convenció para que conociera a Jaume Clavell, un senior que había sido el fundador de SONY en España, DG de Apple, Director General del Ministerio de Industria y primer Director General de los JJOO de Barcelona; un carrerón. Con Jaume comimos un día en un pequeño restaurante de la ciudad y el hombre se entusiasmó con el proyecto y aceptó ser miembro del Consejo de Administración a cambio de un paquete de acciones de la compañía. Más adelante, él mismo fue quien me presentó a Joan Majó, su Ministro de Industrial cuando él fue Director General del ministerio, para ser presidente de la compañía cuando esta requirió de los servicios de alguien tan relevante cono un ex Ministro. A finales de 1997 Grupo Anaya tomó el 50% de IP Multimedia y la vida volvía a sonreírme.

La entrada de recursos propició varias cosas, unas buenas y otras no tanto. Nos mudamos a Torre Mapfre y por fin pudimos tener herramientas adecuadas, espacio suficiente y sobre todo un entorno de trabajo muy agradable que ayudaba a atraer talento y mantener el que ya teníamos, o por lo menos eso era lo que yo quería creer. En el lado opuesto, la nueva situación propició que los empleados, durante tanto tiempo sufriendo estrecheces, se pusieran de acuerdo para reclamar mejoras salariales. Reconozco que este echo me disgusto profundamente ya que Anaya no hacia ni una semana que había entrado y ya le planteamos problemas.

Simultáneamente a todo esto un día, vísperas de las fiestas navideñas, Microsoft decidió “conectar” todos los MS Explorer en español del mundo a nuestro buscador. Literalmente nos lo tumbaron a los diez segundos y tuvimos que correr para que desconectaran todo excepto a los estrictamente de España. Ni siquiera así lográbamos estabilizar el sistema. Por suerte Marcel Coderch tenía pedido un servidor SUN para el Grupo Anaya y coincidió que llegó aquellos días con lo que nos lo cedió a nosotros y así logramos poder atender todas las peticiones que llegaban del navegador de Microsoft. Aquello era una gozada, los usuarios únicos llegaban a miles y muy pronto muchos usuarios que nos conocieron gracias a que utilizaban ese browser, nos fijaron como su página de inicio.

Se nos ocurrían nuevos servicios cada día y copiábamos todos los que triunfaban en los portales más famosos de la época como Hotmail, Netscape, Infoseek, About.com y un largo etcétera. Telépolis fue sin ningún tipo de duda uno de los precursores de las actuales redes sociales a través de los que nosotros llamábamos los Distritos de Telépolis donde agrupábamos por intereses y aficiones a nuestra comunidad de usuarios que intercambiaban opiniones y experiencias y consultaban las informaciones que nuestros SYSOPS recogían, calificaban y ordenaban de la inmensa Internet. Uno de los servicios más exitosos era el Digital Hoy de Telépolis que ordenaba cada día los titulares de la prensa comercial con links a los artículos que los periódicos mantenían en sus webs y los mandábamos por email en formato newsletter. Llegamos a mandar, literalmente, millones a la semana. Aquí descubrimos el inmenso poder del usuario final y su capacidad para viralizar cualquier cosa que le gusta y encuentra útil si se le proporcionan las herramientas adecuadas para ello.

En aquellos primeros días de nuestra nueva situación continuábamos haciendo proyectos para terceros. Recuerdo que uno de nuestros grandes proyectos fue hacer una web en Flash para Telefónica sobre el Mundial de Fútbol del 98 que resultó espectacular ya que por aquel entonces nadie había hecho algo así. Fue tan relevante, notorio y exitoso que Telefónica, al finalizar los mundiales y hacer balance de lo que conseguimos para ellos decidió fichar todo mi equipo de diseñadores e ingenieros para iniciar lo que al final acabaría siendo Terra, me dejaron en cuadro. El Director de Arte, su equipo y todos los programadores que tenía excepto uno (que como ya te puedes imaginar no era de los más capaces). Un drama, toda mi capacidad de producción en jaque. Telefónica además tiene la habilidad de hacer esto y tú no te puedes enfadar porque al final te va dando negocio. En otros países lo que se hace es comprar la start-up y listo. Aquí no, aquí se te llevan todo el talento y tu vuelta a empezar.

Ese no fue el único episodio de este tipo que nos ocurrió. Volvió a pasar cuando Netjuice realizó su expansión y no encontraba efectivos suficientes en Madrid y los fichaba a golpe de talonario en Barcelona. Aquí se me marcho un brillante director técnico y parte de su equipo. Otros primeros ejecutivos, directivos y técnicos de mis proyectos han sido la base fundacional de muchos proyectos o departamentos de Internet de grandes empresas tanto de telecomunicaciones, como editoriales como publicitarias. Servicom, IPTriptic, IPMultimedia, Telépolis, etc, han sido la escuela para muchos y visto en perspectiva ahora mismo esto me enorgullece.

La relación con el Grupo Anaya era muy intensa y fructífera, José Luis Tapia tenía una visión clara de que valor les aportábamos y nos hacía colaborar con varias de las editoriales del Grupo. José Luis, a todos los efectos, era mi socio aunque actuaba también como un jefe, algo que yo aceptaba de buen grado aunque algún revolcón que otro me metió durante aquellos meses. José Luis tenía clarísimo que nuestro futuro no era hacer webs para terceros, ni siquiera para el Grupo, sino desarrollar Telépolis como una editorial más del Grupo, esta vez, una editorial 100% Internet. La razón por la cual decidimos cerrar la agencia interactiva fue “gracias” a Barcelona Activa los cuales habían convocado un concurso para desarrollar un sistema de gestión electrónica que proporcionara a las pequeñas empresas de sus viveros un sistema de gestión financiera, contable, etc. Se presentaron unas sesenta propuestas y al final del proceso quedamos dos contendientes; IBM y nosotros en alianza con SAP. La Directora General de aquella época en Barcelona Activa decidió escoger IBM por que le ofrecía más credibilidad. Viniendo de una institución pública dedicada a incubar start-ups aquella derrota nos dejó tocados y ahí fue cuando José Luis nos animó a abandonar la actividad para terceros y concentrarnos en Telépolis. Un gran acierto.

Sobrevivir

El disgusto vino a principios de 1998 cuando Grupo Anaya fue comprado por Vivendi y se nos dijo que IP Multimedia no entraba en los planes del grupo francés ya que “no veía” lo que hacíamos. Pedí ir a París a vender la idea e intentar convencerles de las bondades de una comunidad virtual. Me atendió el Presidente y su Director Técnico. Al final de la presentación/demo, le preguntó a su colaborador en francés que si creía que eso valía para alguna cosa y el ingeniero dijo “lo único para intentar venderlo”, lo entendí perfectamente. Intenté argumentarles que un servicio como Telépolis era novedoso incluso en Francia y que podríamos lanzarlo también en ese país con su ayuda a lo que el presidente respondió “pero si en Francia muy poca gente entiende el español”, joder, que hacha estaba hecho el tío! Me volví para Barcelona absolutamente vencido y pensando en cómo salirnos de ese lío.

Las negociaciones fueron bastante tensas pero al final, con la ayuda de nuestro Consejero Jaume Clavell, conseguimos el compromiso que devolviéndoles el dinero que habían invertido dieciocho meses atrás, es decir, sin plusvalía alguna, estarían dispuestos a vender su 50% pero que desviamos culminar la transacción durante los siguientes 90 días o serian ellos los que se deshicieran de la compañía. No tenía ni idea que significaba exactamente su alternativa pero lo que sí sabía es que si quería salvar el proyecto me tenía que espabilar para buscarles un sustituto. Jaume conocía a Marcel Molist, fundador del despacho Baker&McKenzie en los Estados Unidos y le preguntó consejo. Marcel, establecido desde 1962 en Chicago, nos contó de lo bullicioso que estaba el país con lo de las punto com y que lo que debíamos hacer era abrir filial en Nueva York y buscar financiación allí. Nos dio el contacto de Xavier Ruíz, uno de sus hombres de confianza del despacho de Baker en la gran manzana y hacia allí nos fuimos Toni Fitó y yo.

Unos meses atrás me había visitado en Barcelona un chaval francés y su socio estadounidense los cuales estaban establecidos en Nueva York y decían que podían ayudarnos a aterrizar en los EUA si alguna vez nos decidíamos a lanzar Telépolis en Latinoamérica. Le llamé y  me ayudó a establecernos en una especie de comuna de start-ups en una planta diáfana de un edificio destartalado en el SOHO. Ese espacio era un bullicio de ideas y gente ilusionada con lo que hacía. La verdad es que nunca sabias muy bien quien trabaja en que y con quien. Todos allí querían comerse el mundo!

En esos tres meses Toni y yo íbamos prácticamente cada semana a Nueva York, el vuelo de la TWA Barcelona, Lisboa, NY llegó a ser una especie de puente aéreo para nosotros. Xavier Ruiz incorporó Telépolis en Delaware y en un plis plas ya teníamos empresa abierta en los EUA. Nos preparó reuniones con venture capitalist de primera fila, recuerdo que un día hicimos una presentación en la planta 72 de Bearn Stearn donde nos esperaban once ejecutivos de la firma para escucharnos, dos de ellos venidos de la oficina de Londres. Antes de empezar alguien nos advirtió que teníamos que ir “rigth to the point” ya que alguien que iba a venir era muy importante, que cobraba más de 30M$ al año y no le gustaba perder su tiempo. Nosotros éramos tres y mi inglés por aquel entonces era absolutamente macarrónico. Reuniones como esa tuvimos bastantes pero la que solucionó el problema no se realizó en ningún rascacielos sino en nuestra oficina hippy del Silicon Alley.

La manera de fichar gente para tu proyecto era convocar una especie de fiesta al última hora de la tarde en el espacio común y todo el mundo traía gente que conocía, allí mismo expliqué nuestro proyecto e intenté seducir a aquellos chicos y chicas para que se subieran a nuestro carro. Entre los asistentes había un tipo de unos cuarenta años que me sorprendió que viniera a un evento como ese. En realidad era Gregoire Sentilles, Director de Marketing de Bertelsmann NY, que acudía a esos actos para descubrir proyectos para un pequeño fondo francés llamado Financier du Cinq. A Gregoire le encantó Telépolis y el hecho de que estuviéramos basados en Barcelona listos para comernos Latinoamérica desde NY con una comunidad virtual al estilo About.com y AOL que tanto éxito tenían en los EUA. En quince días hicimos varias reuniones con los gestores del fondo que vinieron a Barcelona dos o tres veces. El negocio nos salió redondo; por un 13% del capital de la compañía logramos devolver el dinero al Grupo Anaya recuperando su 50% y encima ampliar el capital para poder acometer nuestra internacionalización con garantías.

Ya entrados en 1999 y el punto com en máxima efervescencia me vino a visitar José Velasco, el CEO de Zeppelin, una de las compañías del Grupo Endemol en España junto a Gestmusic. La primera era la productora de Gran Hermano y la segunda de Operación Triunfo, casi nada. Querían entrar en Internet y a José le encantaba nuestra visión. Estuvimos negociando meses con muchos viajes a Amsterdam. Durante un tiempo la cosa se enfrió pero cuando Terra salió a bolsa dando el pistoletazo a la locura punto com también en España la cosa avanzó muy rápido. Nuestra amigos franceses no veían la cosa muy bien ya que también el Grupo Arnauld nos pretendía para integrarnos a su proyecto “FreeServe” francés. La verdad, un negocio que perdía dinero con cada minuto de conexión que ofrecía a sus usuarios yo no lo entendía y me negué a hacer esa operación. Al final, para hacerlo corto, Financier du Cinq salió haciendo una bonita plusvalía y entró Bankinter con un 7% y Endemol con un 25% y los derechos para internet de todos los programas de Endemol incluidos Gran Hermano y OT. Una de las condiciones que me impusieron fue fichar un Director General que complementara mi perfil emprendedor con el de un autentico gestor. No tarde ni un segundo en identificar a ese crak; José Luis Tapia, mi socio/jefe de Grupo Anaya. En ese mismo momento Jaume Clavell convenció también a Joan Majó para que tomara la presidencia.

José Luis estaba a punto de finalizar su compromiso de permanencia de un año con Vivendi, le llamé y me dijo que estaba esquiando en Andorra con el colegio de sus hijas. Me fui para allá y le conté la historia. Mantuvimos una segunda reunión en un Vips de Madrid al cabo de pocos días donde me dio su si definitivo. Alquilamos un piso en la Vila Olímpica y tomo las riendas del proyecto. Desde entonces José Luis es mi mano derecha, mi socio y mi amigo. Es el “el seny” que matiza, modera y atempera mi “rauxa”. Con todo, la felicidad duró poco, a los tres meses de la reestructuración accionarial y cancelar los planes de internacionalización para concentrarnos en el mercado Español con la ayuda de los contenidos de Endemol, estos fueron comprados por Telefónica por casi un billón de pesetas.

El mazazo fue soberbio, la gente de Telefónica pretendía que nos fusionáramos con Terra con las terras a 140€. Le dijimos a Velasco que ni siquiera añadiendo un cero a la transacción la veíamos atractiva. Por aquel entonces algunos ya teníamos claro que todo aquello era una burbuja sin sentido y que Terra no valía aquello ni por asomo. Decidimos intentar sacar la compañía a bolsa para que Endemol obtuviera liquidez para su participación y nos vimos con casi todos los grandes bancos de negocio internacionales para contarles nuestra historia la cual habíamos complementado con un servicio de acceso virtual con telefónica que tuvo bastante éxito y que íbamos a complementar con nuestra propia red IP con los dineros que obtendríamos de la OPS. Goldman Sachs dijo que era la mejor historia que nadie les había contado y que estaban resueltos a llevarnos donde pretendíamos. Todos recordareis abril de 2000 como el día que la burbuja reventó en los EUA y allí acabo la historia. De tenerlo todo de cara todo el mundo desapareció, banqueros, inversores, vendors… parecía que la única salida era vender ya que la presión de Endemol para salir era brutal.

Teníamos tres candidatos para culminar la operación; EresMas, Grupo Correo y StarMedia en los EUA. Mantuvimos multitud de reuniones con unos y otros y al final EresMas es el que más pagó por cada uno de nuestros más de un millón de usuarios únicos con los que Telépolis contaba en esos momentos. Yo me resistía a la venta ya que creía que esa crisis bursátil pasaría como ya había ocurrido en el verano anterior. Joan Majó y José Luis me hicieron ver que había llegado el momento de dar “nuestro hijo” en adopción a una familia con recursos suficientes para hacerle crecer sano y fuerte. Finalmente acepté. El tres de agosto de 2000 firmamos el acuerdo de fusión y nos incorporamos todos al proyecto del Grupo Auna que más tarde pasaría a denominarse Wannado y que hoy en día conocemos como Orange. Yo me incorporé como Director de Estrategia y José Luis se mantuvo como Director General de Telépolis. En enero de 2001 ya estábamos todos fuera para iniciar nuestro proyecto actual: InOutTV. Como publico Mar Galtés en la contra interior de La Vanguardia aquellos días… “Bolsillos llenos y vuelta a empezar”.

Morir

Diez años después vemos con tristeza que Orange decide cerrar el servicio. John Hagel III, de quien tanto aprendí, dice en sus libros que una comunidad virtual es indestructible, que casi que te lo tienes que proponer para matarla. Amigo John, para matar cualquier cosa lo único que tienes que hacer es dejarla sin alma y tarde o temprano se morirá la cosa sola. Telépolis ya hacía muchos años que perdió su alma, Telépolis murió mucho antes de declarar esta semana su defunción.

Un abrazo desde aquí a todos los que en algún momento compartisteis este emocionante proyecto que sin duda fue el precursor de las redes sociales en nuestro país.

Gracias Eudald

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