Optimismo frente a la factura electrónica


Hace unos días la periodista Laia Reventós, de El País me hizo algunas preguntas sobre la factura electrónica. El contexto era el de la presentación del estudio de AMETIC (AETIC) Las TIC en la empresa española 2010.

Ella había hablado ya con otras personas que le manifestaron cierto pesimismo sobre la adopción de la factura electrónica en España. Yo le di mi punto de vista, que es bastante optimista. Es cierto que, como con muchos otros desarrollos, tendemos a sobrevalorar el corto plazo y a infravalorar el largo plazo.

Estamos ahora en un momento en el que tienen cierto desencanto quienes tenían mayores espectativas sobre el desarrollo de la adopción de la eFactura. Pero yo veo cada vez más claro que la conciencia sobre sus ventajas llegan a muchos empresarios y directivos de empresas de cualquier dimensión.

Además, justamente estos dias se está llevando a cabo la campaña de impulso de la eFactura auspiciada por el Ministerio de Industria Turismo y Comercio.

Laia publicó su artículo de El País el 23 de noviembre de 2010 con el título El cobro electrónico se estanca y el subtítulo “Campaña para animar a empresas y ciudadanos a ahorrar con la ciberfactura“.

Lo transcribo a continuación:

La factura electrónica es la punta del iceberg de la modernización de las empresas en España, pero su uso no avanza. En 2009 facturaron electrónicamente el 6,9% de las compañías, cifra que no va a cambiar este año, según Las TIC en la empresa española 2010, informe que presenta el próximo lunes la Asociación de Empresas de Electrónica, Tecnologías de la Información y Telecomunicaciones de España (AETIC).

Tampoco se usa de forma generalizada en la Administración. Solo el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, el 37% de las comunidades autónomas y el 7% de los Ayuntamientos cuentan con sistemas de ciberfacturación, según un estudio de la empresa SERES efectuada en 286 organismos públicos. Más preocupante aún que su escasa implantación es que el 59% de los encuestados no prevé hacerlo próximamente. Pese a que hasta tres leyes les obligan a desplegar esta infraestructura, aún “no está declarada normativamente la obligatoriedad de usar factura electrónica en la Administración General del Estado, ni las normas técnicas concretas”, explica Carlos Maza, subdirector general de Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones en el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

Además, “la resistencia y el miedo al cambio frenan su avance”, dice Alberto Redondo, director de mercadotecnia de Seres. Y añade: “Las grandes empresas saben el ahorro que supone, y que la inversión se recupera en 6 o 12 meses, según el volumen de facturas. Pero a las pymes no hemos sabido trasladarles sus ventajas, como la mejora en la gestión de la tesorería, menos errores…”.

Julián Inza, coordinador de factura electrónica en la patronal Asimelec (AMETIC), comparte el diagnóstico, aunque es más optimista: “El mercado todavía no está maduro, pero es cuestión de poco tiempo. Tenemos el marco legal adecuado y se ha mejorado la interoperabilidad de las plataformas y formatos. Si fuera obligatorio sería más fácil, pero creo que es mejor convencer a la gente de que supone un gran avance y no solo por el ahorro económico”. Los expertos calculan que por cada factura emitida digitalmente se ahorran diez euros. Y otro tanto al recibirla.

Una campaña de Red.es anima a los ciudadanos y a las empresas a apuntarse, a coste cero. Más de 7.000 personas han descargado el programa gratuito Facturae y los 19 millones de españoles que poseen DNI digital, pueden firmar electrónicamente.

3 pensamientos en “Optimismo frente a la factura electrónica

  1. Evaristo García

    Como viene siendo habitual, los periodistas no se enteran de nada de lo que se les cuenta y buscan el sensacionalismo barato. En el caso de esta pobre mujer ni siquiera ha sabido distinguir la factura del cobro. Que se dedique a hablar de Belén Esteban y estaremos todos un poco mejor.

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    1. inza Autor de la entrada

      La sensación que tuve hablando con ella es que tenía la cabeza muy bien amueblada y que sabía de qué hablaba.

      Y, al fin y al cabo, los titulares saltan a la vista y es lo que hace que leamos los artículos. Quizá es más culpa nuestra que suya.

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